De la Guerra Fría al presente: autoridades admiten la nueva competencia en el espacio
Durante décadas, el espacio fue visto como un entorno silencioso que sostenía servicios críticos lejos de los conflictos terrestres. Pero esa percepción está cambiando con rapidez. Según informó The Record, en la reciente Munich Cyber Security Conference de hace unas semanas, responsables militares, reguladores y ejecutivos tecnológicos coincidieron en una advertencia: la órbita terrestre se está transformando en un nuevo frente de competencia entre grandes potencias, con satélites cada vez más expuestos a interferencias, sabotajes o ataques.
Gran parte de la vida moderna depende de sistemas espaciales que rara vez vemos. El GPS sincroniza redes bancarias, los satélites conectan fuerzas militares y sistemas de navegación, y los datos meteorológicos sostienen la aviación y la agricultura. Desactivar estos sistemas, aunque sea brevemente, podría provocar efectos en cascada a escala global. Como resumió un ejecutivo del sector, si los satélites son “los ojos” en un conflicto, “cegar” al adversario se vuelve una prioridad estratégica.
Parte del impulso hacia la búsqueda de soluciones espaciales surge de problemas en la tierra. La infraestructura digital mundial descansa en unos 550 cables submarinos que transportan el tráfico de Internet. Según Declan Ganley, de Rivada Space Networks, cortar o sabotear estos cables podría provocar un colapso sistémico de la conectividad global con relativa facilidad y bajo coste.
Ante ese riesgo, propone una alternativa: el “outernet”. Una red satelital capaz de operar independientemente de la infraestructura terrestre, incluso si estaciones en tierra quedan fuera de servicio. Ganley dijo que sistemas actuales como Starlink, aunque avanzados, siguen dependiendo en última instancia de pasarelas terrestres y cables. Muchas soluciones espaciales siguen ancladas a vulnerabilidades en la Tierra.
La dimensión geopolítica agrava el problema. Una exdirectiva del Comando Espacial de EE. UU., adivirtió que el país mantiene líneas directas de crisis con Rusia para operaciones espaciales, pero no con China. En un entorno donde una maniobra puede malinterpretarse , la falta de canales de comunicación eleva el riesgo de escaladas accidentales. El espacio ya no solo respalda conflictos terrestres, también se está convirtiendo en un escenario primario de competencia, donde sistemas civiles, comerciales y militares están profundamente entrelazados.
El desafío ahora no es solo prevenir ataques, sino sobrevivir a ellos. Construir constelaciones resilientes requiere años y enormes inversiones, mientras que interrumpirlas puede ser relativamente barato. La carrera espacial contemporánea, más que de exploración, es de resistencia.
De la Guerra Fría al “outernet”: la inteligencia espacial tiene historia
La militarización del espacio no es nueva, aunque hoy adquiera mayor visibilidad. A comienzos de año, el sitio Ars Technica informó que la National Reconnaissance Office había desclasificado el programa Jumpseat. Una constelación de satélites de inteligencia electrónica desplegada entre 1971 y 2006 para interceptar comunicaciones militares de la Unión Soviética. Estos sistemas orbitaban de forma elíptica sobre el Ártico para vigilar de manera persistente el hemisferio norte, anticipando el valor estratégico que hoy se atribuye al dominio orbital (y al Ártico).
Jumpseat le permitió a EE. UU. obtener señales e inteligencia de armas adversarias desde una “posición elevada” continua, algo imposible con satélites en órbita baja de la época. La información interceptada alimentaba al Departamento de Defensa y a la NSA, sentando las bases de generaciones posteriores de satélites de escucha y alerta temprana.
La desclasificación llega en un momento simbólico, cuando el espacio vuelve a ser percibido como terreno de competencia entre potencias, pero ahora con actores comerciales y dependencias civiles mucho mayores. Si durante la Guerra Fría el objetivo era “escuchar” al adversario, hoy la prioridad es también asegurar que las propias constelaciones sobrevivan a interferencias o ataques. La historia de Jumpseat subraya que el actual debate sobre resiliencia orbital no surge de la nada, es la evolución de décadas de rivalidad estratégica trasladada al espacio.

