DEY. Ideas + Influence, la agencia que representa al gurú del pánico algorítmico Eliezer Yudkowsky, gestionó en secreto las apariciones mediáticas de Coxon mientras este negaba ante Fox News cualquier ayuda externa
La historia del investigador de 27 años que renunció a Anthropic para advertir al mundo de que la inteligencia artificial podría “matarnos a todos antes de que acabe la década” acaba de revelar su verdadera naturaleza: no fue un acto espontáneo de conciencia, sino una operación de comunicación cuidadosamente coreografiada por profesionales del sector.
Según una investigación publicada por Pirate Wires y corroborada por múltiples fuentes, Jacob Coxon trabajó con DEY. Ideas + Influence, una firma de comunicaciones que representa a algunas de las figuras más prominentes del movimiento “doomer” —incluido Eliezer Yudkowsky, el autoproclamado “Científico Jefe del Pánico” que lleva más de dos décadas predicando el apocalipsis algorítmico.
La revelación adquiere una gravedad particular porque Coxon, cuando el presentador de Fox News Bret Baier le preguntó directamente si había contado con ayuda de terceros para organizar su tour mediático, respondió con un escueto “not at all” (”en absoluto”). Era mentira.
La arquitectura de una campaña fabricada
Los detalles de la operación, reconstruidos a partir de dos fuentes con conocimiento directo del asunto y un correo electrónico al que tuvo acceso Pirate Wires, dibujan el retrato de una campaña meticulosamente planificada:
DEY. estaba gestionando activamente entrevistas para Coxon el 9 de septiembre, apenas un día después de que este publicara su hilo viral en X.
La misma firma había reservado entrevistas para Nate Soares, presidente del Machine Intelligence Research Institute (MIRI) y coautor de Yudkowsky, programadas para solaparse deliberadamente con el debut público de Coxon.
Coxon no aparece en la lista pública de clientes de DEY., pero la firma ya había trabajado con él antes de que su cuenta de X —que apenas tenía menos de 100 seguidores cuando publicó el hilo— acumulara 173,8 millones de visualizaciones de la noche a la mañana.
El hilo de Coxon, publicado el 8 de septiembre tras una entrevista exclusiva con The Wall Street Journal, se convirtió en un fenómeno viral prácticamente instantáneo. Fue amplificado por cuentas prominentes del ecosistema “doomer”, recogido por medios de todo el espectro político y citado por figuras que van desde Bernie Sanders hasta Steve Bannon. Su Wikipedia se creó al día siguiente de su irrupción pública.
DEY.: la agencia que mueve los hilos del pánico
La lista de clientes de DEY. no deja lugar a dudas sobre su orientación ideológica. En su propia página web, bajo el epígrafe “The Institutions We Advise” y “Visionaries Shaping Artificial Intelligence”, la firma presume de representar a Eliezer Yudkowsky, Timnit Gebru, Toby Ord, Fei-Fei Li y Yuval Harari. También asesora directamente a MIRI y al Stanford Institute for Human-Centered AI.
Más allá del ecosistema “doomer”, la firma gestiona la comunicación de instituciones como la Fundación Bill y Melinda Gates, la Fundación Ford y las Open Society Foundations de George Soros. En su web, DEY. se describe a sí misma como una firma para “artistas, científicos, disidentes y soñadores”.
Lo que la investigación de Pirate Wires no cuestiona es la sinceridad de las creencias de Coxon. De hecho, sugiere lo contrario: que cree profundamente en lo que dice y buscó ayuda profesional para amplificar su mensaje. Lo que pone en cuestión es algo diferente y políticamente mucho más relevante: quién está financiando y moldeando la campaña que convirtió a un investigador de preentrenamiento prácticamente desconocido en la cara visible de la seguridad en IA en apenas 48 horas, precisamente en un momento en que Washington debate cómo regular la tecnología más poderosa del planeta.
Una operación bajo sospecha desde el primer día
La velocidad y el volumen de la cobertura que recibió Coxon levantaron ampollas desde el principio. Elon Musk fue uno de los primeros en cuestionar públicamente cómo alguien que había trabajado en Anthropic apenas cuatro meses podía aterrizar un perfil en The Wall Street Journal y apariciones en las principales cadenas de televisión de Estados Unidos de forma tan fulminante.
Los indicios de coordinación eran numerosos: el jefe de alineación de Anthropic respaldó inmediatamente el argumento de Coxon; su cuenta de X, prácticamente inactiva hasta entonces, recibió reposts de organizaciones y personalidades prominentes del movimiento “doomer” en menos de 15 minutos; y su primer post —el único que había publicado jamás— se convirtió en un fenómeno global.
En su intervención en Fox News, Bret Baier formuló a Coxon una pregunta que ahora resuena con una ironía demoledora: si su gira mediática había sido orquestada. La respuesta del investigador fue una negación categórica. Los hechos, documentados por Pirate Wires, demuestran que mentía.
La cuadratura del círculo: de “whistleblower” a activo de comunicación
La revelación plantea preguntas incómodas sobre la integridad del debate público en torno a la regulación de la IA. El movimiento “doomer” —que sostiene que la inteligencia artificial general representa un riesgo existencial para la humanidad— ha conseguido en los últimos años una influencia desproporcionada en los medios y en los círculos políticos, a pesar de representar una corriente minoritaria dentro del propio sector tecnológico.
Figuras como Jensen Huang, CEO de Nvidia, han criticado abiertamente que el “doomerismo” ha hecho “mucho daño” y “no es útil para la sociedad”. Guillaume Verdon, fundador del movimiento aceleracionista e/acc, ha señalado que los “doomers” nunca pueden explicar con detalle cómo la IA supuestamente acabará con la humanidad: “Soy matemático. Muéstrame las matemáticas”.
La operación Coxon, ahora desvelada, refuerza la tesis de que el pánico algorítmico no es solo una corriente de opinión, sino también un producto de comunicación estratégicamente gestionado. DEY., la firma que lo orquestó, no es un actor neutral: representa los intereses de las mismas voces que llevan años amplificando el miedo como herramienta de influencia política.
Mientras tanto, Coxon —el hombre que dijo haber actuado en solitario movido únicamente por su conciencia— se ha convertido, según la investigación, en el último activo de una maquinaria de relaciones públicas que lleva años moldeando la conversación global sobre inteligencia artificial.
La pregunta ya no es si Jacob Coxon cree lo que dice. La pregunta es quién decidió que lo dijera, cuándo y en qué medios.



