El inesperado riesgo de privacidad y vigilancia al que podría estar expuesto tu vehículo
Un sistema pensado para mejorar la seguridad de los automóviles podría tener un efecto secundario inesperado al permitir el seguimiento silencioso de los vehículos. Investigadores europeos han descubierto que las señales emitidas por los sensores de presión de neumáticos (conocidos como TPMS) pueden ser interceptadas y analizadas para rastrear los movimientos de un coche, utilizando equipos relativamente baratos.
Según informó DarkReading, el hallazgo proviene de un estudio realizado por investigadores de universidades de España, Suiza y Luxemburgo. Para probar su hipótesis, los científicos instalaron una pequeña red de receptores de espectro de bajo costo (unos 100 dólares cada uno) a lo largo de una carretera. Durante diez semanas recopilaron más de seis millones de transmisiones TPMS procedentes de unos 20.000 vehículos que circularon por la zona, con el objetivo de analizar qué información podía extraerse de esas señales.
Los resultados mostraron que, mediante algoritmos diseñados para correlacionar las señales emitidas por cada neumático, es posible identificar y seguir vehículos concretos en movimiento. Según los investigadores, estas transmisiones podrían revelar información potencialmente sensible, como la presencia del conductor, el tipo de vehículo, su peso aproximado o incluso patrones de conducción.
El problema radica en cómo funcionan estos sensores. Los TPMS, obligatorios en Estados Unidos desde 2007, envían de forma automática datos sobre la presión de los neumáticos cada vez que el vehículo está en movimiento. Estas señales se transmiten inalámbricamente al sistema del automóvil para activar alertas cuando la presión baja. Sin embargo, la investigación detectó que las transmisiones se envían en texto plano y sin autenticación, lo que significa que cualquier receptor capaz de captar esa frecuencia puede interceptarlas desde el exterior del vehículo.
Además, cada sensor incluye un identificador único que no cambia durante la vida útil del neumático, diseñado para que el coche distinga sus propias ruedas de las de otros vehículos cercanos. Ese mismo identificador es precisamente lo que permite el rastreo. El estudio también comprobó que las señales pueden captarse a distancias de hasta 50 metros, incluso desde el interior de edificios. El descubrimiento se suma a una creciente lista de investigaciones que advierten que los automóviles modernos, llenos de sensores y conexiones inalámbricas, pueden convertirse sin quererlo (o queriendo) en nuevas fuentes de vigilancia digital.


