Europeos quieren menor dependencia tecnológica y crecen alternativas locales
La dependencia tecnológica de Europa respecto a Estados Unidos se ha convertido en una preocupación creciente para ciudadanos y gobiernos. Una encuesta de Proton a 3.000 personas en Reino Unido, Alemania y Francia revela que el 73 % de los europeos cree que su sociedad depende demasiado de las tecnológicas estadounidenses, y entre ellos 83 % expresa preocupación por esa situación. El estudio se suma a investigaciones previas que mostraban que el 74 % de las empresas europeas cotizadas usan servicios de correo y nube de proveedores de EE. UU., evidenciando una fuerte dependencia estructural.
El malestar no es solo percepción, la mayoría de los encuestados preferiría alternativas digitales europeas si ofrecieran precio y prestaciones similares (71 % en Francia, 70 % en Alemania y 57 % en Reino Unido). La privacidad y la seguridad aparecen como factores decisivos: hasta el 66 % menciona la protección frente a hackeo y fraude como motivación, mientras que la protección de datos personales es prioritaria en los tres países. En paralelo, el 54 % de quienes siguen las noticias de actualidad se inclina más por servicios europeos, lo que sugiere que las tensiones geopolíticas influyen en las preferencias tecnológicas.
El contexto legal también pesa en esta percepción. La legislación estadounidense, en particular el CLOUD Act, permite a autoridades acceder a datos almacenados por empresas de EE. UU. incluso si están en Europa, lo que entra en conflicto con el GDPR europeo. Esta brecha normativa alimenta la sensación de vulnerabilidad y dependencia. Como resumió la eurodiputada finlandesa Aura Salla: “La UE funciona con Microsoft. EE. UU. podría desconectarnos en una hora”, reflejando el temor a una interrupción geopolítica de servicios críticos.
Los datos muestran además un aumento real en la adopción de alternativas europeas. El mismo Proton reporta un crecimiento significativo de usuarios en todo el continente y un repunte cercano al 80 % en países nórdicos, con más de 100 % en Dinamarca tras episodios geopolíticos recientes. Casos como el del fiscal de la Corte Penal Internacional que perdió acceso a su correo de Microsoft tras sanciones estadounidenses (y migró a Proton Mail) han reforzado el debate sobre soberanía digital y proyectos como EuroStack.
A nivel político, la tendencia ya se traduce en decisiones concretas. Francia anunció que dejará de usar Zoom y Teams en el sector público para 2027, mientras la UE impulsa una Declaración de Soberanía Digital para reforzar el control sobre infraestructuras y datos. En este clima, la adopción de tecnología europea se percibe no solo como una elección técnica o económica, sino también como una decisión estratégica y de autonomía regional.
En conjunto, el informe concluye que los europeos buscan mayor control, privacidad y gobernanza bajo leyes propias, además de que sus inversiones tecnológicas impulsen economías locales en lugar de depender de accionistas extranjeros. La combinación de tensiones políticas, brechas legales y preocupaciones de seguridad está acelerando el interés por un ecosistema tecnológico europeo propio, con la soberanía digital como uno de los ejes centrales de debate en el continente.


