India entra en la carrera global de los chips: ¿podrá alcanzar al resto de potencias?
India ha decidido entrar de lleno en la carrera global de los semiconductores, con la ambición de convertirse en un nuevo polo de fabricación para empresas que buscan diversificar su producción más allá de China, según informó el medio árabe AlJazeera.
Un primer indicio de este impulso llegó en octubre, cuando Kaynes Semicon, un pequeño fabricante, exportó su primer lote de módulos de chips a un cliente en California, tras ensamblarlos en una planta financiada por los incentivos del plan de 10.000 millones de dólares anunciado por el primer ministro en 2021.
El objetivo del gobierno indio es posicionar al país como un centro alternativo de manufactura, aunque los resultados hasta ahora han sido desiguales. Un hito clave es la primera fundición comercial de chips maduros del país, actualmente en construcción en Gujarat, un proyecto de 11.000 millones de dólares respaldado por transferencia tecnológica de un fabricante taiwanés y que ya ha incorporado a Intel como cliente potencial. De concretarse, la iniciativa podría fortalecer el papel de India en las cadenas de suministro globales, en un contexto de alta demanda mundial de chips.
La estrategia india se apoya en un enfoque gradual. Mientras Estados Unidos lidera el diseño de chips, Taiwán domina la fabricación y China avanza con fuerza en el empaquetado, India busca consolidarse primero en los llamados chips maduros, de entre 28 y 110 nanómetros, más fáciles de producir que los nodos avanzados de 7 o 3 nm. Estos chips son fundamentales para la electrónica de consumo, la industria y el sector automotor, y representan la mayor parte de la demanda global.
El proyecto de la fundición es fruto de una alianza entre Tata Group y la taiwanesa PSMC, que aporta tecnología y apoyo en la construcción. Tata Electronics también firmó un acuerdo con Intel para explorar la fabricación y el empaquetado de chips en sus futuras instalaciones. Aunque la planta podría entrar en funcionamiento en diciembre de 2026, incluso con retrasos, el proyecto marca un punto de inflexión para un país que en el pasado vio fracasar varios intentos.
Más de la mitad de los incentivos del plan gubernamental están destinados a este proyecto, mientras que el resto apoya nueve iniciativas adicionales, centradas principalmente en el ensamblaje, prueba y empaquetado (ATP). Entre ellas figuran inversiones de Micron Technology y del propio Tata Group, además de proyectos más pequeños respaldados por socios tecnológicos de Taiwán, Japón y Tailandia. Aunque estos proyectos suponen una vía de entrada más accesible al sector, muchos están retrasados, con cronogramas extendidos y sin explicaciones por el momento de las empresas involucradas.
Aun con estos avances, los expertos advierten que India todavía tiene un largo camino por recorrer. El país busca cubrir una demanda interna de chips que podría duplicarse hasta los 100.000 millones de dólares en 2030, reduciendo las importaciones que ya superan los 24.000 millones de dólares anuales. Sin embargo, para competir en tecnologías más avanzadas y atraer mayor inversión extranjera, India necesitará incentivos más competitivos, mejoras en infraestructura y un entorno regulatorio más eficiente, si quiere ingresar en una carrera global donde Estados Unidos, Taiwán y China llevan una ventaja considerable. Tambié será clave la capacidad de las autoridades para manejarse en un entorno geopolítico cada vez más complejo y agitado.



