LG niega parte de las conclusiones, confirma otras y asegura que varias funciones dependen del consentimiento del usuario. Pero la controversia deja expuesto un problema más profundo: compramos una pantalla y terminamos instalando una plataforma de recopilación de datos en el living.
Hace unos días, una extensa investigación de Gamers Nexus, Level1Techs y especialistas independientes puso bajo la lupa algo que rara vez pensamos cuando compramos un televisor: qué hace realmente ese dispositivo cuando está conectado a nuestra red.
Los investigadores analizaron televisores LG, incluyendo un OLED G5, inspeccionaron su tráfico de red y consiguieron acceso profundo al sistema operativo para observar su comportamiento interno.
Las conclusiones fueron preocupantes.
Según la investigación, los televisores podían explorar la red local y detectar otros dispositivos conectados, utilizar Automatic Content Recognition (ACR) para identificar lo que aparecía en pantalla y almacenar información relacionada con audio captado por el sistema de reconocimiento de voz. Algunas pruebas mostraron además que determinados datos podían permanecer localmente cuando el televisor estaba desconectado y transmitirse posteriormente al recuperar la conexión.
La historia rápidamente quedó resumida en una frase mucho más contundente: “tu televisor LG te está escuchando”.
Ahora LG respondió.
Y su respuesta matiza algunas de las acusaciones, pero también confirma parte del comportamiento que originó la controversia.
LG: el televisor no está escuchando permanentemente
Según declaraciones de la compañía recogidas por medios especializados, LG sostiene que sus televisores no graban indiscriminadamente las conversaciones ambientales.
La empresa explica que el procesamiento de voz ocurre cuando el usuario mantiene presionado el botón correspondiente del control remoto o utiliza una palabra de activación como “Hi LG”. LG también afirma que determinadas funciones de reconocimiento se procesan localmente y rechaza la interpretación de que sus televisores funcionen permanentemente como dispositivos de escucha.
La diferencia es importante.
La investigación había encontrado registros de texto relacionados con reconocimiento de voz y ventanas durante las cuales el micrófono continuaba activo algunos segundos después de finalizar una interacción. Los investigadores demostraron además que, con acceso privilegiado al televisor, podían convertirlo efectivamente en un dispositivo capaz de capturar audio.
Pero eso no significa necesariamente que un televisor LG estándar esté enviando continuamente conversaciones privadas a los servidores de la compañía.
Existe además una diferencia fundamental entre demostrar lo que técnicamente puede hacer un dispositivo comprometido y demostrar lo que el fabricante hace deliberadamente en condiciones normales.
La investigación de Gamers Nexus requirió obtener acceso profundo al sistema del televisor. Ese detalle no invalida los hallazgos, pero sí obliga a interpretar correctamente su alcance.
Lo que LG sí confirma: el televisor explora tu red
Hay otro punto donde la discusión es bastante menos ambigua.
Los televisores LG efectivamente pueden explorar la red local y detectar otros dispositivos.
Durante las pruebas, los investigadores observaron cómo un LG G5 recorría la red y encontraba teléfonos, relojes inteligentes y otros equipos que, en principio, no parecían tener relación directa con la función básica de mostrar imágenes.
LG no niega esta capacidad.
La compañía la describe como una función habitual de los televisores inteligentes, necesaria para descubrir dispositivos y proporcionar determinadas funcionalidades conectadas.
Técnicamente, la explicación es razonable: muchas funciones modernas necesitan descubrir equipos disponibles dentro de una LAN.
La pregunta interesante es otra: ¿hasta dónde debería llegar ese descubrimiento?
Que una Smart TV necesite encontrar un teléfono que intenta transmitir contenido hacia ella es comprensible. Que pueda construir una imagen mucho más amplia de los dispositivos existentes dentro de una vivienda u oficina plantea preguntas diferentes sobre minimización de datos, segmentación de redes y superficie de ataque.
Y aquí aparece una distinción fundamental en privacidad: que una capacidad tenga una explicación técnica legítima no significa automáticamente que cualquier utilización de los datos obtenidos mediante esa capacidad sea igualmente justificable.
El televisor también puede saber qué estás mirando
La tercera pieza del rompecabezas es el Automatic Content Recognition, o ACR.
Simplificando mucho, el sistema toma muestras de lo que aparece en pantalla y genera una especie de huella digital que permite identificar el contenido, de forma conceptualmente similar a cómo una aplicación como Shazam reconoce una canción.
El alcance puede ser mucho mayor de lo que imagina un usuario.
RTINGS comprobó recientemente que el ACR puede funcionar no solamente sobre aplicaciones instaladas en el televisor, sino también sobre contenido procedente de dispositivos externos. En el LG G5 analizado detectaron tráfico asociado a ACR mientras utilizaban aplicaciones, reproducían archivos USB y utilizaban dispositivos HDMI. La actividad fue especialmente intensa con una PlayStation 5 y una computadora conectadas mediante HDMI.
Es decir: conectar una consola o una computadora no convierte necesariamente al televisor en una pantalla “tonta”.
LG sostiene que su ACR requiere consentimiento del usuario.
Y las pruebas independientes de RTINGS aportan un matiz importante a su favor: cuando los investigadores pudieron identificar claramente el tráfico relacionado con ACR, desactivar el consentimiento generalmente produjo cambios reales y dejó de observarse ese tráfico.
El problema fue otro.
Encontrar y comprender esas opciones no siempre resultó sencillo.
Los fabricantes utilizan nombres diferentes, las configuraciones pueden aparecer enterradas dentro de menús o acuerdos más amplios y, en algunos ecosistemas, rechazar determinadas condiciones implica renunciar también a funciones inteligentes del dispositivo.
El consentimiento existe técnicamente.
Que sea siempre un consentimiento verdaderamente informado es bastante más discutible.
Una pantalla que sigue generando dinero después de venderse
Aquí es donde el caso deja de ser exclusivamente sobre LG.
Durante décadas el modelo económico de un televisor era extremadamente sencillo: una empresa fabricaba una pantalla, alguien pagaba por ella y la relación comercial prácticamente terminaba allí.
Las Smart TV cambiaron esa ecuación.
Ahora la pantalla puede seguir generando valor económico después de haber sido vendida.
Datos sobre contenidos visualizados, aplicaciones utilizadas, publicidad mostrada, dispositivos conectados y comportamiento del usuario tienen valor comercial.
La propia política global de privacidad de LG contempla compartir determinada información personal con redes sociales y socios publicitarios para medir publicidad, mejorar marketing y ofrecer anuncios más relevantes.
Y no se trata exclusivamente de LG.
RTINGS analizó televisores de Samsung, LG, Sony, Hisense, TCL, Vizio y otras plataformas y encontró diferentes implementaciones de tecnologías relacionadas con ACR y recopilación de datos.
La controversia de LG es entonces una manifestación particularmente visible de un fenómeno industrial mucho mayor.
El televisor dejó de ser solamente un producto. También es una plataforma.
El consentimiento tampoco resuelve todo
Hay además un antecedente interesante.
En mayo de 2026, LG llegó a un acuerdo con el fiscal general de Texas después de una demanda relacionada precisamente con recopilación de información mediante ACR. Como parte del acuerdo, la compañía se comprometió a no recopilar datos de visualización mediante esa tecnología sin consentimiento informado y a proporcionar mecanismos más claros para rechazar esa recopilación.
Eso demuestra por qué la discusión no puede reducirse simplemente a comprobar si existe una casilla que diga “acepto”.
La verdadera cuestión es cuánto entiende una persona cuando configura un televisor nuevo y atraviesa una sucesión de términos de servicio, políticas de privacidad y permisos necesarios para comenzar a utilizarlo.
Cuando rechazar una condición significa perder funcionalidades por las que supuestamente pagamos, la frontera entre consentimiento y resignación empieza a volverse difusa.
Hay otro problema que quizás sea todavía más importante
La privacidad capturó los titulares, pero desde la perspectiva de seguridad existe un riesgo adicional.
Un televisor inteligente es, en definitiva, una computadora conectada permanentemente a una red.
Tiene sistema operativo, aplicaciones, servicios de red, micrófonos en determinados modelos, interfaces inalámbricas, capacidad de procesamiento y acceso potencial a otros dispositivos del entorno.
Y probablemente recibe mucha menos atención de seguridad que una computadora corporativa.
Ahí la demostración de Gamers Nexus adquiere otro significado.
Aunque aceptáramos completamente la explicación de LG sobre el funcionamiento normal del reconocimiento de voz, los investigadores demostraron algo igualmente relevante: comprometer un dispositivo de estas características puede transformarlo en una plataforma extraordinariamente interesante para observar su entorno.
En una vivienda eso representa un problema.
En una sala de reuniones, hotel, hospital, oficina ejecutiva o infraestructura sensible, puede ser otro completamente diferente.
Por eso algunos especialistas recomiendan una solución extremadamente simple para escenarios donde la privacidad o la seguridad sean prioritarias: no conectar el televisor a Internet y utilizarlo únicamente como pantalla.
Las propias pruebas de RTINGS concluyen que mantener el televisor offline es una forma efectiva de impedir que el fabricante observe mediante el dispositivo lo que ocurre en consolas, computadoras y otras fuentes HDMI.
No elimina necesariamente el seguimiento: utilizar un dispositivo externo de streaming puede simplemente trasladar esa relación de datos hacia otra compañía.
Pero reduce considerablemente lo que puede observar el propio televisor.
El problema no es solamente si LG estaba “espiando”
La respuesta de LG obliga a corregir la versión más extrema de la historia.
Con la evidencia disponible no resulta preciso afirmar simplemente que todos los televisores LG estén grabando permanentemente las conversaciones de sus propietarios y enviándolas a la compañía. Tampoco sabemos todavía si televisores vendidos en otras regiones —particularmente Europa, bajo GDPR— presentan exactamente el mismo comportamiento que los modelos estadounidenses estudiados.
Pero reducir todo el caso a esa discusión sería perder de vista lo importante.
Tenemos dispositivos capaces de observar contenido, descubrir equipos de nuestra red, procesar voz, ejecutar software complejo y comunicarse permanentemente con infraestructura externa instalados en hogares, oficinas, hoteles y salas de reuniones.
Y buena parte de esa capacidad existe porque el modelo económico de la televisión también cambió.
La pregunta entonces deja de ser solamente “¿LG nos está escuchando?”
Hay otra bastante más incómoda:
¿en qué momento aceptamos que una pantalla que compramos para mirar contenido también tuviera que mirar hacia nosotros?



