LG vincula las actualizaciones de seguridad de sus Smart TV a la aceptación de la grabación de voz con IA
Los propietarios de televisores LG que rechacen las nuevas condiciones de uso de webOS dejan de recibir actualizaciones de seguridad.
La medida reabre el debate sobre hasta dónde puede llegar un fabricante para impulsar funciones de inteligencia artificial a costa de la privacidad del usuario.
Una decisión que obliga a elegir
Aceptar que el televisor escuche lo que ocurre en el hogar o quedarse sin parches de seguridad.
Ese es, en la práctica, el dilema que enfrentan algunos usuarios de Smart TV de LG tras la actualización de las condiciones de uso de webOS. Según reportó Notebookcheck y recopiló International Cyber Digest, quienes no aceptan los nuevos términos dejan de recibir futuras actualizaciones de seguridad para sus dispositivos.
El problema no se limita a la recolección de datos.
La nueva cláusula establece además que es responsabilidad del propietario obtener el consentimiento de cualquier persona cuya voz pueda ser capturada por las funciones de reconocimiento de voz del televisor, incluyendo familiares, invitados o cualquier otra persona presente en la vivienda.
El costo oculto de decir “no”
Las actualizaciones de seguridad no son un lujo.
Los Smart TV modernos ejecutan sistemas operativos complejos, instalan aplicaciones, almacenan credenciales y permanecen conectados a Internet durante años. Como cualquier otro dispositivo, requieren correcciones periódicas para solucionar vulnerabilidades.
No es una preocupación teórica.
En 2024 investigadores revelaron múltiples vulnerabilidades críticas en webOS que permitían tomar control remoto de determinados televisores LG. La compañía distribuyó los parches precisamente mediante actualizaciones de software.
Por eso, vincular esos parches a la aceptación de determinadas funciones de IA cambia completamente la naturaleza del consentimiento.
En lugar de una decisión libre sobre privacidad, el usuario debe elegir entre proteger sus datos personales o mantener protegido el propio dispositivo.
¿Consentimiento... o coerción?
Desde una perspectiva jurídica, LG probablemente intenta reducir su exposición legal.
Si el televisor puede capturar conversaciones mediante funciones de reconocimiento de voz, la empresa traslada al propietario la responsabilidad de informar a cualquier persona que ingrese al hogar de que podría ser grabada, especialmente en jurisdicciones con leyes estrictas sobre interceptación de comunicaciones.
Sin embargo, el aspecto más controvertido no es esa cláusula en sí, sino la combinación de dos decisiones:
habilitar funciones de IA basadas en voz;
condicionar las futuras actualizaciones de seguridad a aceptar esos términos.
Esa combinación transforma una característica opcional en un requisito práctico para mantener un dispositivo seguro.
Una tendencia que va más allá de LG
El caso llega en un momento en que cada vez más fabricantes incorporan inteligencia artificial directamente en dispositivos domésticos.
Televisores, asistentes inteligentes, cámaras y electrodomésticos comienzan a depender de servicios en la nube para ofrecer funciones avanzadas. A cambio, recopilan una cantidad creciente de información sobre el entorno donde viven sus usuarios.
La discusión deja de ser únicamente sobre privacidad.
También pasa a ser una cuestión de propiedad digital.
Cuando un fabricante puede condicionar el mantenimiento básico de un producto a la aceptación de nuevas condiciones comerciales o de recopilación de datos, el usuario pierde parte del control sobre un dispositivo que ya compró.
En otras palabras, el hardware sigue siendo suyo, pero algunas de sus funciones esenciales quedan sujetas a decisiones que puede tomar el fabricante años después de la compra.
La nueva moneda de cambio
Durante años, la industria tecnológica intercambió servicios “gratuitos” por datos personales.
Ahora ese modelo parece trasladarse al hardware.
No se trata solamente de vender un televisor, sino de convertirlo en una plataforma permanente de recopilación de información y servicios basados en IA.
El caso de LG muestra cómo esa transición empieza a afectar incluso aspectos fundamentales como las actualizaciones de seguridad.
Y plantea una pregunta incómoda para toda la industria: si la seguridad de un dispositivo depende de aceptar nuevas formas de recolección de datos, ¿el consentimiento sigue siendo realmente voluntario?



