Su objetivo: elegir candidatos de ambos partidos que bloqueen cualquier regulación estatal de la inteligencia artificial y aseguren que el control de la IA quede en manos del gobierno federal... y de quienes financian a los legisladores.
Era noviembre de 2025 y Alex Bores, un asambleísta estatal de Nueva York, se dirigía a cenar para celebrar su aniversario de bodas cuando su teléfono comenzó a vibrar. No era una felicitación. Era la notificación de que un grupo de multimillonarios de Silicon Valley acababa de decidir que su carrera política debía ser destruida.
Bores había cometido el pecado imperdonable para la industria de la IA: co-patrocinar la Responsible AI Safety and Education (RAISE) Act, una ley que obligaba a las grandes empresas de IA a publicar sus protocolos de seguridad y a divulgar incidentes graves. Para Leading the Future, el super PAC que la industria tecnológica había lanzado solo tres meses antes con más de 100 millones de dólares, Bores era “el mayor obstáculo para su búsqueda de control sin restricciones sobre el trabajador estadounidense, nuestros hijos, las facturas de servicios públicos y nuestro clima”, como él mismo lo expresó.
Lo que ocurrió después en el distrito 12 de Manhattan —y en decenas de otros distritos electorales de todo el país— es el mapa de una batalla silenciosa que determinará quién controla el futuro de la inteligencia artificial en Estados Unidos. Y, por extensión, quién controla las reglas del juego digital para el resto del mundo.
El nacimiento de un gigante político
Leading the Future (LTF) se presentó ante la Comisión Federal Electoral el 15 de agosto de 2025. Su declaración de intenciones era ambiciosa: convertirse en “el centro de gravedad político y político de la industria de la IA” y “apoyar a los candidatos alineados con la agenda pro-IA y oponerse a los que no lo estén”.
En solo cuatro meses, el super PAC recaudó 50,3 millones de dólares y entró en 2026 con 70 millones en efectivo disponible. Para abril de 2026, la cifra total acumulada en el ciclo electoral había alcanzado los 140 millones de dólares. A finales de junio, su PAC principal había recaudado casi 76 millones.
Las cifras son abrumadoras, pero lo que realmente importa es quién está detrás de ellas.
Los nombres del poder
Los donantes de Leading the Future son una lista de las personas y entidades que están dando forma a la IA tal como la conocemos:
Andreessen Horowitz: la firma de capital riesgo más influyente de Silicon Valley aportó 50 millones de dólares. Los cofundadores Marc Andreessen y Ben Horowitz añadieron 25 millones más de su bolsillo personal (12,5 millones cada uno).
Greg Brockman: cofundador y presidente de OpenAI, y su esposa Anna, comprometieron 25 millones de dólares (12,5 millones cada uno, según los registros de la FEC).
Joe Lonsdale: cofundador de Palantir, aportó 250.000 dólares al PAC afiliado republicano American Mission.
Ron Conway: fundador de SV Angel, añadió 500.000 dólares al PAC afiliado demócrata Think Big.
Perplexity: la startup de búsqueda con IA contribuyó con 100.000 dólares.
En total, el ecosistema de Leading the Future incluye una red de super PACs y organizaciones sin ánimo de lucro: Think Big para carreras demócratas, American Mission para republicanas, y Build American AI como brazo de advocacy. Entre Think Big y American Mission han gastado ya más de 29 millones de dólares.
El objetivo: acabar con el “mosaico” de leyes estatales
¿Qué compran 140 millones de dólares? No solo escaños en el Congreso. Compran la capacidad de definir dónde y cómo se regula la inteligencia artificial.
La industria tecnológica teme lo que llaman un “mosaico” de regulaciones estatales: un escenario en el que California, Nueva York, Colorado y otros estados impongan requisitos diferentes y a menudo incompatibles para las empresas de IA. OpenAI, Google y sus aliados han dejado claro que prefieren una regulación federal laxa a un sistema estatal fragmentado.
El problema, desde la perspectiva de la soberanía digital, es que el gobierno federal está siendo capturado por quienes financian las campañas. Leading the Future no busca una regulación equilibrada; busca candidatos que se alineen con su agenda, de cualquier partido.
La estrategia es explícitamente bipartidista. Leading the Future ha respaldado a cinco demócratas de la Cámara de Representantes para la reelección —Josh Gottheimer (N.J.), Sam Liccardo (Calif.), Yvette Clarke (N.Y.), Suhas Subramanyam (Va.) y Jimmy Gomez (Calif.)— mientras financia también a candidatos republicanos como Chris Gober en Texas.
La guerra en el distrito 12: el costo de desafiar a la industria
El caso de Alex Bores ilustra perfectamente cómo opera Leading the Future. Bores, que trabajó en Palantir antes de convertirse en asambleísta, cometió el error de co-patrocinar la RAISE Act en Nueva York.
La respuesta de LTF fue fulminante: gastaron más de 7 millones de dólares en anuncios para destruir su candidatura. En total, la carrera por el distrito 12 de Nueva York se inundó con 27 millones de dólares de ambos bandos. Fue una de las contiendas más caras de todo el ciclo electoral, librada en torno a una única pregunta: ¿debe regularse la IA?
Bores perdió la primaria demócrata. El mensaje para cualquier otro legislador que considere regular la IA fue inequívoco: desafíenos y lo enterraremos bajo millones de dólares en ataques.
La contraofensiva: trabajadores contra multimillonarios
Pero la historia no termina aquí. La arrogancia del poder ha generado una reacción inesperada: trabajadores de las propias empresas tecnológicas están financiando la oposición.
Más de una docena de empleados de OpenAI han donado más de 215.000 dólares a Guardrails Alliance, un super PAC creado específicamente para contrarrestar a Leading the Future. El mayor donante, el investigador de seguridad Juan Felipe Cerón Uribe, aportó 200.000 dólares de su bolsillo porque temía que su trabajo para reducir los daños sociales de la IA “no sirviera de nada si nunca se convertía en barreras de protección ejecutables”.
“Tenemos una empresa cuyo presidente financia un lado de la lucha por la regulación de la IA mientras sus colegas financian el otro”, resumió un informe sobre la división interna en OpenAI.
Guardrails Alliance, que se lanzó con 5 millones de dólares y aspira a recaudar 15 millones, no pretende igualar a LTF dólar por dólar. Su estrategia, según su cofundadora Shaunna Thomas, es exponer lo que los PAC de IA están financiando y confiar en que “el público reaccione por sí solo”.
Otros actores se han sumado a la contienda. Public First Action, un super PAC respaldado con 20 millones de dólares por Anthropic, está haciendo campaña por salvaguardas de IA. El ex socio de Andreessen Horowitz, John O’Farrell, publicó un artículo de opinión en The New York Times acusando a su antigua firma y a Leading the Future de intentar “intimidar a los políticos” mediante una “infiltración política” sin precedentes.
Incluso los propios empleados de OpenAI están divididos. Mientras Brockman financia LTF, siete empleados actuales y un exempleado han donado a Guardrails Alliance.
La dimensión de la soberanía digital
La captura del proceso legislativo por parte de la industria tecnológica no es un problema menor de “lobby” empresarial. Es una amenaza directa a la soberanía digital de Estados Unidos y, por extensión, de cualquier nación que dependa de plataformas y modelos de IA desarrollados por estas empresas.
Cuando un puñado de multimillonarios puede gastar 140 millones de dólares para determinar qué legisladores llegan al Congreso, el proceso democrático deja de reflejar la voluntad popular y pasa a reflejar la voluntad de quienes tienen los bolsillos más profundos. La regulación de la IA —una de las cuestiones más importantes de nuestra era— queda en manos de aquellos que tienen un interés financiero directo en que esa regulación sea lo más laxa posible.
La soberanía digital requiere que las decisiones sobre cómo se desarrolla y despliega la IA sean tomadas por representantes elegidos democráticamente, no por ejecutivos de Silicon Valley que compran escaños en el Congreso. Pero el sistema actual, con sus super PACs sin límites de gasto, sus organizaciones sin ánimo de lucro que no revelan donantes, y su capacidad para inundar distritos electorales con dinero de fuera, hace que esa soberanía sea cada vez más ilusoria.
El legado de Fairshake y el modelo a seguir
Leading the Future no inventó esta estrategia. Sigue el modelo de Fairshake, el super PAC de la industria cripto que gastó 290 millones de dólares en el ciclo electoral de 2024 para elegir candidatos favorables a las criptomonedas. Fairshake logró su objetivo: el Congreso actual es significativamente más pro-cripto que el anterior.
La industria de la IA ha visto este éxito y ha decidido replicarlo. Como advirtió el ex socio de Andreessen Horowitz John O’Farrell, el manual que está utilizando Leading the Future “proviene de la industria de las criptomonedas, que logró aplastar la regulación eligiendo ‘políticos amigos de la industria’”.
La pregunta que queda flotando es inquietante: ¿qué industria será la próxima? ¿La biotecnología? ¿La computación cuántica? ¿La neurotecnología? El modelo está establecido: acumula cientos de millones de dólares, elige candidatos de ambos partidos que se alineen con tus intereses, y bloquea cualquier regulación que pueda frenar tu negocio.
Próximo artículo en la serie:
“El ojo que todo lo ve: el análisis de datos en tiempo real y la búsqueda de candidatos ‘títere’ para romper mayorías”
Nota del editor: Este artículo forma parte de una serie de cinco entregas sobre el impacto de la inteligencia artificial en la soberanía digital y los procesos democráticos. Las fuentes utilizadas incluyen registros de la Comisión Federal Electoral (FEC), informes de Business Insider, CNBC, Financial Times, NBC News, The Hill, y declaraciones públicas de los implicados.


