Ni adolescentes ni encapuchados: el verdadero perfil del hacker actual
Durante años, la imagen del “adolescente encapuchado” dominó el imaginario colectivo del cibercrimen. Pero los datos cuentan otra historia. La mayoría de las personas arrestadas por delitos informáticos con fines económicos tienen entre 35 y 44 años, según un análisis de 418 acciones policiales públicas realizadas entre 2021 y mediados de 2025. Lejos del mito del “script kiddie”, el perfil dominante es el de un adulto en plena etapa laboral.
El estudio, incluido en el último informe Security Navigator de Orange Cyberdefense, difundido por The Registrer, revela que el 37 % de los casos involucra a personas de 35 a 44 años, convirtiéndolo en el grupo más numeroso. Si se suman los de 25 a 34 años (30 %), casi seis de cada diez detenciones corresponden a individuos de entre 25 y 44 años. En contraste, el grupo de 18 a 24 representa el 21 %, mientras que los menores de edad apenas superan el 5 %.
Más allá de la edad, también cambia el tipo de delito. Entre los más jóvenes (18-24), la actividad es más diversa: hacking (30 %), venta de datos robados (10 %) y ataques DDoS (10 %). Sin embargo, a medida que aumenta la edad, el foco se vuelve claramente económico. En el grupo de 25-34 años crecen la venta de datos robados (21 %), la extorsión cibernética (14 %) y el despliegue de malware (12 %).
En el segmento de 35-44 años, la tendencia es aún más marcada: la extorsión lidera con un 22 %, seguida de malware (19 %), ciberespionaje (13 %), hacking (10 %) y hasta lavado de dinero (7 %). Según Charl van der Walt, jefe de investigación en Orange, el sensacionalismo en torno a la juventud del cibercrimen no refleja la realidad. “Las carreras en el cibercrimen parecen alcanzar su punto máximo mucho más tarde en la adultez, acompañadas de técnicas más sofisticadas e intencionales”, señaló.
El informe sugiere que el cibercrimen moderno se asemeja cada vez más a operaciones empresariales organizadas que a actos impulsivos de vandalismo digital. La extorsión, por ejemplo, requiere negociación, infraestructura técnica, manejo de criptomonedas y gestión de riesgos, habilidades que difícilmente encajen con el estereotipo adolescente. Si bien los datos solo incluyen arrestos y desmantelamientos públicos (lo que podría sesgar la muestra hacia casos judicializables), los registros judiciales apuntan a que los grandes esquemas lucrativos están en manos de operadores experimentados, no de curiosos digitales improvisados.


