Micrófonos, cámaras, GPS, sistemas de infotainment y conexiones con smartphones convierten al automóvil en una plataforma capaz de recopilar una enorme cantidad de información.
Durante años aprendimos a desconfiar de nuestros teléfonos cuando entramos a una reunión sensible. Ahora quizá haya que empezar a mirar también el auto estacionado afuera.
La Algemene Inlichtingen- en Veiligheidsdienst (AIVD), el servicio de inteligencia y seguridad de Países Bajos, publicó el 30 de septiembre una advertencia sobre los riesgos de espionaje asociados a los vehículos modernos.
El problema no es necesariamente una vulnerabilidad específica. Es algo más estructural: los automóviles se transformaron en computadoras conectadas, equipadas con sensores y rodeadas de servicios digitales.
Y esas computadoras saben bastante sobre nosotros.
Según la AIVD, los vehículos modernos pueden recopilar información sobre sus ocupantes, sobre el propio automóvil e incluso sobre personas y objetos que se encuentran en sus alrededores. Fabricantes, concesionarios, empresas de leasing, proveedores de mantenimiento, desarrolladores de aplicaciones, fabricantes de componentes y servicios cloud pueden tener acceso a distintas partes de ese ecosistema de datos.
El interés tampoco termina en las empresas.
La inteligencia neerlandesa advierte que actores estatales pueden considerar esas fuentes de información particularmente atractivas.
Un micrófono estacionado frente a la reunión
Uno de los puntos más llamativos de la advertencia está en los micrófonos.
Los vehículos modernos suelen incorporar varios para llamadas manos libres, asistentes de voz, cancelación de ruido y otras funciones.
La AIVD sostiene que técnicamente es posible activar remotamente esos micrófonos y utilizarlos para escuchar conversaciones. Su recomendación para quienes manejan información especialmente sensible es contundente: no mantener conversaciones confidenciales dentro ni alrededor del vehículo.
El mismo principio se aplica a las cámaras.
Cada vez más automóviles incorporan cámaras interiores y exteriores para asistencia a la conducción, estacionamiento, vigilancia o conducción semiautónoma. La agencia considera técnicamente posible que un atacante que consiga acceso a determinados sistemas pueda utilizarlas para obtener imágenes.
Por ese motivo recomienda incluso evitar vehículos con cámaras externas cuando se viaja hacia ubicaciones sensibles.
No significa que cualquier atacante pueda encender mágicamente la cámara o el micrófono de cualquier automóvil. La advertencia describe una superficie potencial de espionaje y está dirigida especialmente a funcionarios públicos, ejecutivos y personas que trabajan con información sensible.
El auto sabe dónde estuviste
El espionaje tampoco necesita escuchar una conversación para resultar útil.
Los sistemas GPS y de seguimiento pueden reconstruir movimientos y rutinas. Los fabricantes pueden utilizar estos mecanismos para conocer la ubicación de un vehículo y registrar desplazamientos.
A eso se suma el sistema de infotainment, que funciona como uno de los principales centros de recopilación y almacenamiento de información dentro del automóvil.
Dependiendo del vehículo y de los dispositivos conectados, allí pueden terminar identificadores de teléfonos, contactos, información de navegación, mensajes o datos relacionados con el tráfico de Internet.
Para un servicio de inteligencia, saber quién viajó, dónde estuvo, qué dispositivo llevaba y con qué lugares se relacionó puede ser tan interesante como escuchar una conversación.
La AIVD señala además dos posibles caminos para que actores estatales accedan a esta información: obtenerla de empresas que poseen los datos o comprometer mediante operaciones de hacking los sistemas donde se encuentran almacenados.
Hasta cargar el teléfono entra en el modelo de amenaza
Algunas recomendaciones de la agencia probablemente resulten exageradas para un conductor común, pero muestran hasta dónde puede extenderse el análisis cuando el objetivo potencial maneja información sensible.
La AIVD recomienda evitar la conexión automática mediante Bluetooth o Wi-Fi y no utilizar la carga inalámbrica. Para conexiones USB aconseja utilizar un USB data blocker, un dispositivo que permite suministrar energía bloqueando los pines utilizados para transmisión de datos.
También aconseja pensar qué información se introduce en los sistemas de navegación.
Guardar como “Casa” una dirección particular puede resultar cómodo. Hacer lo mismo con una instalación sensible puede no ser una buena idea.
El mensaje detrás de todas estas recomendaciones es bastante simple: cada nueva conexión entre el vehículo, Internet, el teléfono y los servicios del fabricante crea también una nueva relación de confianza.
El automóvil entró definitivamente en la superficie de ataque
Durante décadas pensamos la seguridad de un vehículo alrededor de amenazas físicas: robo, sabotaje o seguimiento.
La digitalización cambió ese modelo.
Un automóvil moderno incorpora conectividad celular, GPS, Bluetooth, Wi-Fi, cámaras, micrófonos, aplicaciones móviles, servicios cloud, actualizaciones remotas y sistemas capaces de almacenar información personal.
Desde el punto de vista de seguridad, dejó de ser solamente un medio de transporte.
Es un endpoint móvil lleno de sensores.
Y existe otra diferencia importante respecto de una computadora tradicional: el propietario tiene mucho menos control sobre lo que sucede detrás de escena.
La propia AIVD reconoce que el usuario muchas veces no sabe qué información está almacenando o transmitiendo el vehículo porque estos procesos ocurren automáticamente. Además, determinados riesgos asociados a telemática, GPS o infraestructura de carga no pueden eliminarse simplemente cambiando una configuración.
Cuando la comodidad se convierte en infraestructura de inteligencia
La advertencia neerlandesa expone un problema que excede ampliamente a los automóviles.
Estamos rodeando nuestra vida cotidiana de dispositivos capaces de observar el mundo físico y transmitir esa información hacia infraestructuras que no controlamos.
Televisores, cámaras, relojes, teléfonos, asistentes domésticos y ahora automóviles generan enormes cantidades de datos porque esos datos permiten ofrecer servicios útiles.
Pero exactamente la misma infraestructura puede adquirir otro valor cuando quien la observa es un servicio de inteligencia.
No hace falta instalar un micrófono clandestino debajo del escritorio si la sala, el bolsillo y hasta el estacionamiento ya están llenos de micrófonos conectados a Internet.
Para la mayoría de las personas, eso no significa que haya un Estado escuchando sus conversaciones desde el auto. El nivel de amenaza debe analizarse según quién sea el objetivo y qué información maneje.
Para funcionarios, diplomáticos, investigadores, ejecutivos de sectores estratégicos o personas vinculadas con infraestructura crítica, en cambio, la advertencia de la AIVD introduce una pregunta incómoda.
Quizá el dispositivo que había que dejar fuera de la reunión no era solamente el teléfono.
También era el auto.



