Una nueva frontera en la soberanía digital: La rivalidad entre EE. UU. y China en IA y la opción de América Latina de la “no alineación”
Cuando una cumbre se encuentra con una carrera armamentística
14 de mayo de 2026, Pekín. La reunión entre el presidente estadounidense Trump y el presidente chino Xi Jinping genera gran expectación. Sin embargo, en esta ocasión, el núcleo de la agenda ya no gira en torno a los déficits comerciales o las listas de aranceles, sino a una cuestión más abstracta pero de mayor alcance: las “barreras” y las “reglas” de la inteligencia artificial (IA).
Justo antes de la cumbre, surgieron informes de que ambas partes estaban considerando la posibilidad de establecer un mecanismo de diálogo oficial para abordar riesgos como el mal funcionamiento de los modelos de IA, los sistemas militares autónomos y los ciberataques. Esta medida fue interpretada por el mundo exterior como un intento de establecer una “válvula de seguridad” para la “nueva carrera armamentística” de la era digital. Sin embargo, mientras los dos gigantes se sientan a la mesa de negociaciones, intentando delimitar sus respectivas esferas de influencia, surge una pregunta crucial: ¿qué significa esta rivalidad para otros países atrapados en medio, especialmente América Latina, que busca la transformación digital?
No se trata solo de una competencia tecnológica, sino también de una lucha por la soberanía digital. Para América Latina, cualquier consenso o desacuerdo en la cumbre entre Estados Unidos y China podría determinar directamente su sustento económico y su autonomía política durante las próximas décadas.
I. Dos caminos, dos futuros
Antes de entrar en el Gran Salón del Pueblo en Pekín, Washington y Pekín ya habían revelado sus respectivas cartas. Estas cartas no son solo extensiones de políticas internas, sino también planes de gobernanza que pretenden proyectar al mundo.
La lógica estadounidense: Una “alianza tecnológica” bajo el dominio de la seguridad
El núcleo de la estrategia estadounidense reside en el “dominio bajo una valla”. Como se observa en el “Plan de Acción Estadounidense de IA” de la administración Trump, la lógica estadounidense es un juego de suma cero: debe asegurar su inquebrantable liderazgo global.
En el plano tecnológico, Estados Unidos aplica una estrategia de “patio trasero amurallado”, asegurando su ventaja tecnológica mediante controles a la exportación de chips avanzados y servicios en la nube. A nivel internacional, intenta establecer una alianza de cadena de suministro centrada en los llamados “países democráticos” y exige que sus aliados adopten los estándares tecnológicos estadounidenses. Si bien este modelo ofrece soluciones de alto rendimiento (como la nube soberana), conlleva estrictas condiciones geopolíticas y es, en esencia, una “Doctrina Monroe digital”, que trata a las Américas como su patio trasero tecnológico.
La lógica de China: “Infraestructura para los mercados” orientada al desarrollo
La narrativa china se centra en el empoderamiento del “Sur Global” y la cooperación multilateral. En el Plan de Acción de Gobernanza Global de IA de Beijing, la IA se considera un “bien público global”. La estrategia china es eminentemente práctica: exportar infraestructura, modelos de código abierto y tecnología 5G a través de la “Ruta de la Seda Digital”.
El modelo chino enfatiza la estabilidad y la aplicación práctica bajo el liderazgo estatal. Para muchos países latinoamericanos, el atractivo de China reside en su principio de “no injerencia en los asuntos internos” y su compromiso con la reducción de la brecha digital mediante la transferencia de tecnología y programas de desarrollo de talento (como los 200 programas de capacitación para el Sur Global). Los modelos chinos de código abierto, como DeepSeek, debido a su bajo costo y alta accesibilidad, se están convirtiendo en fuertes competidores de los gigantes estadounidenses de código cerrado.
II. El dilema de América Latina: Entre la dependencia y la independencia
Para América Latina, este dilema no es una contienda geopolítica lejana, sino una dolorosa realidad.
“Dependencia de la trayectoria” en infraestructura
América Latina se encuentra actualmente atrapada en la paradoja de la “dependencia digital”. Tomemos como ejemplo a Brasil. Su infraestructura digital depende en gran medida de los servicios en la nube estadounidenses, pero sus redes de telecomunicaciones y su industria manufacturera están profundamente integradas en las cadenas de suministro chinas. Si Estados Unidos y China llegan a un acuerdo de “aislamiento tecnológico” en Beijing —por ejemplo, que obligue a los países a “elegir bando” entre proveedores de 5G y servicios en la nube—, los países latinoamericanos se enfrentarán al riesgo de interrupciones en las cadenas de suministro e inestabilidad económica.
El “descuento cultural” de los modelos de gobernanza
El modelo de gobernanza estadounidense enfatiza la transparencia, la equidad algorítmica y la protección de los derechos civiles, pero este complejo sistema regulatorio suele ser incompatible con las capacidades administrativas de los países en desarrollo. Por el contrario, el modelo chino, que prioriza la “soberanía de datos” y la “estabilidad social”, es visto como más viable por algunos países latinoamericanos, pero también genera preocupación por el establecimiento de “cortafuegos digitales” y mecanismos de censura. Los países latinoamericanos se ven obligados a tomar una decisión filosófica entre la “transparencia estadounidense” y la “eficiencia china”.
El debilitamiento de la soberanía tecnológica
La principal preocupación radica en que, independientemente de si eligen el sistema estadounidense o el chino, sin innovación independiente, Latinoamérica se limitará a “acatar las reglas” en lugar de “crearlas”. Como han señalado los expertos, si los países latinoamericanos adoptan por completo los estándares de una de las partes (como un ecosistema tecnológico liderado por Estados Unidos o la inversión china en infraestructura), podrían caer en décadas de dependencia tecnológica y perder su capacidad de innovación propia.
III. El Movimiento de Países No Alineados Digitales: Surge una Tercera Vía
Ante la demostración de fuerza y las tácticas persuasivas exhibidas por Estados Unidos y China en Beijing, Latinoamérica no es una víctima fácil.
Está surgiendo un nuevo consenso en el ámbito académico y político: el “no alineamiento digital”. No se trata de aislarse, sino de maximizar la soberanía dentro de los dos grandes bloques mediante una estrategia de equilibrio pragmática.
Esta estrategia ya se está materializando en la práctica
Infraestructura diversificada: El proyecto chileno LatamGPT busca utilizar un enfoque híbrido, combinando infraestructura en la nube de Amazon, Microsoft y Huawei, y utilizando cables transpacíficos de reciente construcción para diversificar el enrutamiento de datos y evitar depender de un solo proveedor.
Unidad Regional y Autosuficiencia: El plan de inversión en IA de Brasil, valorado en 4.000 millones de dólares, prioriza explícitamente la “soberanía tecnológica”, con el objetivo de desarrollar un modelo local a gran escala en portugués y aprovechar el mecanismo BRICS y la plataforma del G20 para dar mayor visibilidad a América Latina.
Un Entorno Regulatorio Pragmático: Los países latinoamericanos pueden aprovechar la pausa en la competencia entre Estados Unidos y China para adoptar un modelo híbrido, utilizando la computación en la nube soberana en áreas sensibles como la seguridad nacional y la defensa, al tiempo que aprovechan las ventajas de los modelos de código abierto de Estados Unidos y China para la personalización local en áreas como la educación y la agricultura.
Un Campo de Pruebas para un Nuevo Orden
La cumbre de Beijing podría establecer nuevas reglas de juego para la competencia en IA entre Estados Unidos y China, definiendo qué líneas rojas militares son inviolables y qué áreas civiles (como la salud o el cambio climático) están abiertas a la cooperación. Independientemente del resultado, esto representa una llamada de atención para América Latina.
Cualquier “reconciliación” o “intensificación de la competencia” entre Estados Unidos y China en el campo de la IA tendrá un profundo impacto en la estructura laboral, la gobernanza e incluso la estabilidad social de América Latina. Los países de la región no pueden evitar la competencia entre superpotencias, pero tampoco deben aceptar pasivamente convertirse en “colonias digitales”. Como han señalado algunos estrategas, la mejor defensa no es tomar partido, sino utilizar esta competencia como catalizador para acelerar su propia integración regional e innovación tecnológica.
Mientras Washington y Pekín compiten por el futuro, Buenos Aires, Brasilia y Ciudad de México deben estar alerta, pues están presenciando no solo una lucha por el liderazgo entre dos grandes potencias, sino también un momento histórico en el que se está reconfigurando el panorama global de la soberanía digital.



